Peripecias y afugias de un periodista foráneo al ingresar al estadio Jaime Morón para ver Real Cartagena – Patriotas

Como periodistas es pertinente ponernos en los zapatos y personificar a un aficionado a fin dimensionar lo que ocurre antes, durante y después de un partido de fútbol, sobre todo aquel que llega a una ciudad que desconoce, ignora cómo moverse en solitario y sobrevivir a los peligros que conlleva recorrer las calles, tomar el transporte público y lidiar con los seguidores más recalcitrantes que están al acecho para descubrir si el intruso recién llegado no es de su manada: Así fue mi experiencia allí en Cartagena.

Estando allí «me volé» al estadio Jaime Morón a ver Real Cartagena – Patriotas con resultado favorable para este último 1-0.

Acudí como cualquier aficionado haciendo el ejercicio de tomar el transporte público y hacer la fila correspondiente.

El fútbol ha cambiado mucho y en Cartagena los partidos se juegan bajo tensión alrededor del estadio; muchos policías; personal de logística apostado en los alrededores, vallas interminables muy odiosas para el  ingreso. Taquillas cerradas para comprar la boleta en físico.

Las vallas dividen en vez de unir y es entendible desde el punto de vista de la policía; porque en el más reciente partido del campeonato, un aficionado fue brutalmente golpeado y casi pierde su vida por «criminales vestidos de hinchas» como reza una pancarta dentro del estadio.

Estos graves antecedentes obligaron a las autoridades a tomar medidas y a cerrar una de las tribunas.

Asistir a los estadios a ver fútbol profesional considerado un hobby, hoy por hoy muchos lo están pensando.

Al fútbol cada día le están poniendo muchas trabas y es por eso que el aficionado del común le da pereza ir a ver a su equipo favorito. Súmele la carestía de las boletas de ingreso.

Considero que, con la situación del país, una entrada a un estadio es demasiado costosa…

Pagué la boleta de occidental baja por un valor de 53 mil pesos y me tocó hacerlo a través de aplicación ya que allí ya no están habilitadas las taquillas tradicionales.

La tribuna sur fue suspendida porque allí dónde se reúnen los hinchas más agresivos atacaron a un aficionado que está moribundo.

Los vehículos que ingresan al parqueadero deben inscribirse con anticipación. Hay que pasar por tres anillos de seguridad ante el temor de que algunos desadaptados lleven armas y objetos contundentes que puedan causar daño dentro del escenario.

Ya en la gradería y observando el partido, me concentro en lo que pasa en la cancha:  mucho vértigo, poca pausa; todo es corre corre. Ya no se ve el número 10. Aquel volante exquisito que hace la pausa y con sus pases precisos puede cambiar el rumbo de un partido.  Tampoco se ven más de dos gambetas seguidas y una «jugada de fantasía», menos; cada jugada es predecible.

En Colombia parece que los equipos juegan todos con el mismo libreto. Salen del fondo de cualquier manera; buscan los carrileros y luego avanzan para tirar el centro.

El balón circula por elevación la mayor parte del tiempo.  Muy poco el balón se observa a ras de piso. Las faltas son constantes y el público reprocha el desempeño del equipo local.

Siempre están inconformes con el desempeño de los jugadores. Futbolistas como Marrugo y Montero ya no marcan diferencia.

Termina el partido y la desazón es general: Han quedado eliminados. El desespero y la frustración cunde en la cancha y en la tribuna el público los despide con improperios y pide que se vayan todos del equipo, incluyendo el cuerpo técnico.

Me quedo observando los aficionados y en verdad la agresividad sobresale ante quienes aprecian el partido con total serenidad.

Un estadio ya no es ese lugar al que uno anhela llegar, donde antes imperaba la camaradería y la alegría de encontrar personas para charlar animadamente mientras se observa el partido.

No se ven muchas familias asistiendo juntas. Por lo menos las veces que yo asisto a estadios desde hace 40 años, eso era lo que yo podía ver.

Lastimosamente hoy en día da terror visitar un estadio y más aún si quiere llevar niños pequeños.

Llegará un momento en que al estadio solo asistirán los jugadores, la terna arbitral, los cuerpos técnicos y los responsables de la transmisión de los derechos de televisión. Claro los directivos que tendrán el palco en lo alto del estadio para poder apreciar de allí el espectáculo que ellos mismos están acabando.

Las graderías serán lugares desolados y el lugar perfecto para que aniden las palomas y los murciélagos.

Ahora sí podrá escucharse el golpeteo del balón, los diálogos entre los jugadores, las determinaciones de los árbitros y las recomendaciones e instrucciones del entrenador.

El juego

Patriotas no necesito dominar el partido y le bastó un gol antes de los 15 minutos para derrotar a un Cartagena carente de resolución y alternativas de ataque.

Lo ha sepultado en el torneo de Primera B donde lleva más de 10 años sin poder ascender.

Luego en condición de local cayó 0-3 en Tunja frente al Real Cundinamarca que al final se clasificó y enfrentará al Cúcuta Deportivo por un cupo a primera división.

La experiencia de asistir al estadio de la capital de Bolívar fue decepcionante. La próxima vez que vaya a la «heroica» dejaré de ser iluso.

Me ahorraré las dos horas y media en transporte público y con la plata de la entrada al estadio y los comestibles, me voy a disfrutar bañándome en las paradisíacas playas del Caribe y degustar una deliciosa arepa de huevo.

Horarios que no ayudan a los hinchas

Lastimosamente el fútbol está hecho para el negocio de los anunciadores y los derechos de televisión y no para el aficionado que le gusta ir a apoyar al equipo de sus amores al estadio.

Programar un partido entre semana y en plena jornada laboral 5 p.m, también incide en que los seguidores se alejen de los estadios

Comprobé algo que muchos han analizado: Relación jugadores- aficionados; hacia el futuro tendremos estadios vacíos y todo el mundo viéndolos por televisión e internet, pero pagando.

Los dueños del fútbol están acabando con el fútbol.

 

 

 

Por: Jorge Luis Ospina Macias.